Sistemas orgánicos: entre la física cuántica y la sociología

Me hago eco de esta reflexión sobre sistemas de Max Neef, economista chileno. Afirma que la física cuántica ya habla del carácter orgánico de todo sistema en tanto que no tiene partes sino participantes, las cuales no son separables. Lo hace en oposición a la concepción mecánica, donde, en efecto, si se distinguen las partes. Me parece interesante esa analogía que hace para explicar el sistema económico. No obstante, no estoy de acuerdo en que esta forma de entender el sistema social haya llegado tarde a las ciencias sociales. Emile Durkheim, ya en el siglo XIX, hacía referencia al carácter orgánico de las sociedades industrializadas, precisamente, en oposición a las mecánicas. Para ello utilizaba los conceptos de solidaridad orgánica y mecánica.

Sobre este punto explicó que “la economía convencional –que es la hija de la economía neoclásica– desde una visión ontológica, se sustenta en una visión mecánica, newtoniana: el humano, la economía y el mundo son mecánicos. Y en un mundo mecánico tú tienes sistemas que tienen partes. Partes que descompones, analizas y vuelves a armar. Del otro lado, la economía ecológica se sustenta en una visión orgánica. Los sistemas no tienen partes, sino que participantes, los cuales no son separables. Lo cual significa que todo está intrínsecamente unido y relacionado. Esto por lo demás ya es un mensaje que hace más de 90 años nos viene dando la física cuántica, pero ese mensaje ha tardado en llegar a las ciencias sociales”.

El significado social de ser pedante

Utilizar formalismos o un vocabulario excesivamente sofisticado no es ser pedante. Ser pedante es hacerlo en contextos inapropiados y sin razón aparente. Pero cuando el contexto es apropiado, esta es la única forma de asegurarse tanto una correcta transmisión de la información lingüística y semiótica, como la proyección de los roles que juegan o pretenden jugar tanto el emisor como el receptor. De lo contrario, o bien la comunicación podría no ser lo suficientemente precisa (contenido del mensaje) o bien podría conducir a una errónea interpretación de la categoría social del emisor. (proyección errónea de esta)

El que sabe de verdad

Necesitamos con tanta urgencia las explicaciones que no podemos aceptar que no existan. Solo los tontos, los ideólogos y los beatos están seguros. Cuando uno habla con un científico, lo que le llama la atención no es la rotundidad de sus afirmaciones, sino los escrúpulos con los que las envuelve, la advertencia sobre la dificultad de obtener datos seguros, de elaborar modelos fiables que resistan la comprobación experimental. El que sabe de verdad de algo es el que ha llegado a intuir la amplitud de todo lo que se desconoce, la parte mínima que ocupa el conocimiento con respecto a una totalidad que no puede sondearse. Recorremos un museo de la prehistoria y tenemos la tentación automática de considerar que lo que hay expuesto en las estanterías es una representación suficiente de un mundo. Pero solo son restos mínimos, salvados por casualidad del cataclismo lento del tiempo, quizá mucho menos reveladores de lo que imaginamos, lo que queremos creer.

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