Galicia sae da crise histórica #modoretrancaon

A proliferación dos tan ansiados líderes, académicos, medios de comunicación, revistas, xornalistas, dirixentes, analistas, activistas e “tertulianos” que tratan de demostrar coherente e empiricamente que é a estrutura mesma do Estado español o que está na base dos problemas estruturais de Galicia é, sen ningún xénero de dúbida, unha sinal da vitalidade insultante do nacionalismo galego e de que, posiblemente, estemos ante as portas dun verdadeiro cambio político que por fin acabe coa emigración endémica, o exterminio do tecido produtivo, a crise demográfica e a perda de galego falantes.

¿Qué es la democracia participativa?, a propósito de la campaña electoral en España.

Y los partidos políticos, ante una situación de emergencia social, decidieron, en un acto de cordura, lucidez y responsabilidad, renunciar a una campaña basada en propuestas cada cuál más peregrina, a mítines endógenos y campañas de marketing, para acordar la celebración de debates con presencia de vecinos donde de forma cordial pero batalladora se discutían sobre los problemas actuales desde un punto de vista estructural, socio-histórico, contextual y, sobretodo, entendible para todas las capas de la sociedad. Para los que no pueden leer la prensa todos los días y para los que sí. Para los que ni siquiera saben leer. En los bares no se hablaba de otra cosa. Los historiadores, sociólogos, economistas, analistas y ciudadanos en general alimentaban y enriquecían los debates mediante artículos de opinión en la prensa local, en las redes sociales, en cada esquina, en cada sobremesa.

Durante semanas, los empleadores incentivaban la participación de sus empleados en todo tipo de actos porque, entendían, les acabaría reportando beneficios en el futuro. La gente discutía con pasión, sin miedo y tratando de fundamentar sus posiciones de forma racional y siempre, siempre abiertos a las concesiones. Lejos quedaban aquellos tiempos de silencio, en los que la gente no hablaba de política o zanjaba cualquier debate con frases como “son todos iguales” o “yo paso de la política”. Las élites pseudodemocráticas, con el apoyo de los medios de comunicación tradicionales, hablaban de caos. Pero la gente ya no les creía, ni a ellos, ni a sus campañas de manipulación. La gente quería informarse, comprender, disentir, consentir, decidir. Era como si todo ese disenso, la furia cordial y el conflicto sano, llenasen las conversaciones diarias. Como si otro tipo de discusiones, vacías, espurias, insanas y corrosivas, pasasen a un segundo plano. Como si la gente de repente sintiese que vivía en una sociedad más justa, más sana, más predecible. Como si la gente votase en base a sus principios y sin esperar nada a cambio. Como si por fin todo el mundo asumiese que la confrontación de ideas y el consenso están en la base del progreso real.

El significado social de ser pedante

Utilizar formalismos o un vocabulario excesivamente sofisticado no es ser pedante. Ser pedante es hacerlo en contextos inapropiados y sin razón aparente. Pero cuando el contexto es apropiado, esta es la única forma de asegurarse tanto una correcta transmisión de la información lingüística y semiótica, como la proyección de los roles que juegan o pretenden jugar tanto el emisor como el receptor. De lo contrario, o bien la comunicación podría no ser lo suficientemente precisa (contenido del mensaje) o bien podría conducir a una errónea interpretación de la categoría social del emisor. (proyección errónea de esta)

El enfoque semiológico en el análisis sociológico

La peculiaridad del enfoque semiológico responde al siguiente interrogante: “¿Por qué y cómo en una determinada sociedad algo —una imagen, un conjunto de palabras, un gesto, un objeto, un comportamiento, etc.— significa?

Reference

Magariños de Morentin, Juan Angel (1996). Los fundamentos lógicos de la semiótica y su práctica. Buenos Aires: Edicial.

No es sólo un problema de hormigas y cigarras.

No es sólo un problema de clase (hormigas y cigarras). También existe un problema geopolítico. Las hormigas nacidas en los centros económicos (normalmente norte) tienen muchas más posibilidades de vivir con condiciones óptimas que las nacidas en la periferia (normalmente sur). Este es el resultado del proceso de globalización que se llevan gestando desde hace siglos y que ha contribuido a una fijación de los roles económicos de determinados países. Unos, meros proveedores de materias primas, otros, se dedican a “jugar al monopoli” . Y ese es también un problema que concierne al Estado español. Desde su gestación en el siglo XIX ha hecho que determinadas regiones, hoy las más empobrecidas (esto es un hecho no una opinión. Véase, por ejemplo, este artículo), hayan jugado un papel de suministrador de materias primas (con un impacto ambiental mucho mayor). Una hormiga nacida en Riotorto o en Huelva tiene menos posibilidades de prosperar que una hormiga nacida en Madrid. Así la renta per cápita de un gallego es un 35 % inferior a la de un madrileño. El Estado de las Autonomías ha corregido en gran medida esa desviación. Pero el nacionalismo español ha vuelto a las andadas y ahora hablan de que son un derroche. El cuento de “somos todos hormigas” es el cuento que lleva utilizando el nacionalismo español de izquierdas durante décadas (Cualquier día salen hablando de invadir las viejas colonias de ultramar, pues, al fin y al cabo somos todos hormigas). La realidad es que sigue habiendo un grupo de regiones que han retrocedido económicamente y demográficamente (cuando además existe un retroceso lingüístico y cultural como en el caso de Galicia, entonces el declive es absoluto). Eso, además, no ha significado que otras regiones hayan compensado dicho retroceso (véase artículo). Y es que al final algunas hormigas resultaban ser en realidad cigarras. Eso lo han entendido muy bien en Escocia, donde el independentismo avanza imparable. Las nuevas generaciones quieren tener más oportunidades en su propia tierra sin la necesidad de desplazarse a la ratonera en la que se ha convertido Londres. Y es en este asunto en el que encuentro el mayor “pero” de Podemos, es decir, un discurso “super hormiguista” que de momento no se ha posicionado con relación a la organización política del Estado como si en ello no estuviera la base de los problemas que hacen que este país apeste, con perdón.